Laura Ru

Serie Arborescencias

 

Esto es solo una selección de la serie completa.

LA HUELLA ES BELLA, EN LA ABSTRACCIÓN DE LAURA RU

La estética de la artista Laura Ru basa su representación en la huella, en huellas de arrugas, de pieles acorchadas, densas, las cuales registran el paso del tiempo y el movimiento, dos conceptos estos poco habituales en el estilo abstracto al que esta pintora se adscribe. Dicha idea es ostensible en sus obras de gran tamaño y en otras de formato más reducido, como su serie de collages titulada “Arborescencias”, trabajos sobre fotografías de relieves naturales, en los que la técnica de nuestra artista registra pasar, como decimos, el tiempo y el movimiento en tanto nos los hace sentir ¿de qué manera entonces, llegamos a esta impresión en sus cuadros?

En la mencionada serie, vemos una cuidada gradación que opera desde zonas de concentración de la textura hasta otras más vaporosas, que se desarrollan contra la densidad antes apuntada. Las formas pasan diluyéndose de un estado más denso a otro diferente, en el mismo espacio. La expresividad que aporta la crudeza de las rugosidades protagonistas dispone un centro del cuadro que puede coincidir con el medio puntual, o bien hallarse en los márgenes del formato, estableciendo de cualquier manera su cualidad central gracias a la expresividad.

Este recurso nos conduce a la cuestión de la técnica en el arte abstracto, un estilo que, en sus ejemplos de calidad, requiere un dominio de los medios plásticos para que estos no agoten o ninguneen la obra misma. Digamos a este respecto que, la abstracción que logra comunicar, demuestra dominar la materia que emplea, siendo esta el vehículo adecuado de la forma que se nos presenta. Así, el tiempo, como intangible que es, aparece aquí planteado según un movimiento de partida, que va desde la consistencia de la trama pictórica central hasta las sutilezas que recubren de aire esa densidad, dispuesta por texturas que delimitan la forma que se desarrolla de un lado a otro del cuadro.

Al hilo de este planteamiento, por el cual el tiempo queda representado en una dinámica de formas que expresan estados distintos de la materia, comprobamos en la obra de Laura Ru un ambiente que recubre una huella, una inscripción marcada en las zonas de equilibrio del cuadro, las cuales no dejan de centrar nuestra visión por su densidad, mostrando así la evolución de esta huella que se desenvuelve hacia una suavidad expresiva. Y vemos a los elementos que componen sus obras volar, elevarse hacia una disipación rematada por el fondo de la pintura, que en la mayoría de las veces es blanco.

Estas huellas, estas arrugas en las pieles de árboles, piedras o tierras, sólo recuerdan la naturaleza en la medida en que se domina el recurso técnico, que hace perder la sensación de ver imágenes abstractas naturales. Digamos que, aquí, no es la materia la que pinta, como puede hacernos entender una fotografía realista de estas contexturas, sino que es la pintora la que efectúa una segunda abstracción de la prístina expresividad abstracta. El artificio logra ordenar las apariencias en la medida en que éstas se esfuman, se transforman en un ambiente que resulta embriagador, envolvente.

Este es el quid del arte abstracto de Laura Ru, el cual, dicho con una contradicción, constituye un éter expresivo, logra realizar unas formas sutiles que componen una densidad. Ante sus imágenes, nos encontramos frente a la naturaleza misma como dispensadora de formas ideales que, según dice la estética clásica, hay que desentrañar, pero hallándose esta entraña artística no en el fondo, sino en la epidermis de los modelos retratados, que nos conducen a una nueva versión del oficio de plasmar esa armonía oculta más bella aún que la armonía aparente.


Francisco Cordero Morganti
(Doctor en Comunicación Audiovisual)